
A nuestras espaldas, las pesadas mochilas con comida, ropa y agua para pasar tres intensos días y quince tresmiles, entre principales, secundarios y montimierdas.

La actividad no fue para nada difícil, aunque sí quizás, un poco expuesta para mentalidad de escaladores deportivos con todo controlado y asegurado que prima en la escalada de hoy en día. Si a eso sumamos el mal tiempo reinante de esos días, tenemos la perfecta combinación para ir con los huevos de corbata durante varias jornadas. Lo curioso, como siempre, es que lo pasamos de cojones, sobre todo, cuando recordábamos los momentos estelares con un entrecot enorme en el restaurante de turno – en este caso, Casa Tous, altamente recomendable -.